13 de julio de 2006

Cosas que pasan

Estaba yo ayer rodeado de mujeres (para variar) y algunos "hombres" (ese aspecto de metrosexual les quita un poco de "hombre"). Imaginaros la estampa, todas ellas arregladas a más no poder, todas de mi edad o un par de años menos, todas muy guapas, provocadoras... Ellos mayores que yo, morenos de playa (o lámpara, sabe dios) cachas de gimnasio (y un poco de esteroides), gafas estilo beckham así grandotas que tapan las cejas y casi la nariz, y ropa metrosexual...

Entre toda esta gente estaba yo, con mis vaqueros nuevos, una camisa y mis gafas (estrechas) de sol, bebiendo sidra como todos... Todos sentados en corro con 3 cajas de sidra en medio. Como todos eran camareros, yo no escanciaba ¡estaría bueno! En esta estampa tan pintoresca me di cuenta de que el tabaco se me acababa, cosa mala. 7 cigarros para toda la noche, y la noche iba a ser larga (y lo fue). Mientras tanto a Christian no le apetecía venir a la SN (es un vago redomao)...

Y paso lo que mas temía en ese momento, la cajetilla se cae al suelo, no la cogí por vaquería, y una botella de sidra cayó, desparramando todo su contenido encima de MI tabaco... Sin tabaco. Eran las 20.30. Gracias a dios tenia un cigarro encendido entre mis dedos, así que me dediqué a fumarlo tranquilamente, como queriendo que no se acabara nunca. Pero, como todo en la vida, se acabo. Una última calada me hizo entrar en un estado de necesidad tabaquil ligeramente estresante.

Al poco rato, levantamos el campamento dirigiéndonos al Rey del pulpo a cenar... Una cena sin tabaco, pensaba yo, alguna maquina habrá allí, me decía una de las chicas fumadoras (también sin tabaco) La cena transcurrió sin problemas, comiendo no se fuma. El problema llegó al acabar. Nadie tenia tabaco, solo había una cajetilla de Ducados, nadie la quería fumar (su dueña si, claro). Me arme de valor y cogí uno. El sabor que da un ducados es horripilante, pero calma la necesidad de nicotina... Aun así, seguía sintiéndome incompleto. Necesitaba una cajetilla entre mis manos para calmar mi mono. Ahí empezaron los problemas...

Cada vez que veía una maquina de refrescos me acercaba para comprobar que no había tabaco. Poco después me di cuenta de que no había ni una puñetera maquina de tabaco en toda la SN...

Desesperación.

Los coches de choque aliviaron mi mono, pero seguía latente dentro de mí. Nos fuimos al players (donde bebimos gratis). Un par de caipirinhas después, mi estado era evidente. ¿Que te pasa tío? Estás raro, como intranquilo, me decía una de las chicas. Nada, que necesito tabaco. Me bebí otro par de caipirinhas y me fui por tabaco... De un bar a otro, preguntando, ¡no hay tabaco! me repetían una y otra vez... Estaba como un niño sin dinero en una tienda de chucherías, miraba a todos lados sin encontrar aquello que necesitaba. Finalmente salí de la SN, entro en el primer bar que encuentro y ¡sorpresa! no hay tabaco, ¡NADA! "este producto está agotado" me repetía la maldita máquina cada vez que apretaba un botón... Salí desesperado de ese "a partir de ahora odiado" bar. Me dirigí raudo y veloz al siguiente bar, abrí los ojos de par en par al acercarme a la maquinita de mis deseos. Metí el dinero, apreté el botón del Chester y.......... la cajetilla apareció por la ranura. Mis deseos estaban cumplidos. Acaricie la cajetilla casi olvidándome del cambio, agarre la tira del plástico, tire de ella con suavidad, se iba abriendo poco a poco, el olor de cartón mezclado con tabaco invadía poco a poco mi cabeza, se acabo de abrir, el plástico se deslizo entre mis dedos para caer al suelo. Tenía tabaco. Abrí la cajetilla, tire con fuerza del papel, 20 cigarros aparecieron ante mis ojos, cogí uno, me lo puse en la boca, metí mi mano en el bolsillo para coger el mechero, prendí el cigarro y di la calada mas placentera en mucho tiempo...

Me sentía satisfecho. Miraba a la gente con felicidad, como quien acaba de hacer el amor con la mujer mas deseada. Llegué a la carpa donde estaban esos especimenes pseudo-humanos que son mis compañeros de curro. Ya no tenía el cigarro, pero estaba relajado... Ya tenia tabaco, la noche podía seguir.

2 comentarios:

ana martinez dijo...

¡Por la virgen del abrigo de pana de cuello alto! Menos mal que me has confirmado la imaginación que le echas a esto de escribir! Si no estaría penando por lo depravado que es mi hijo.
Me ha encantado lo bien que describes la ansiedad que produce la falta de un miserable cigarrillo. ¡Por todos los dioses, cuándo demonios dejaremos este vicio!
MUY BUENO.

Anónimo dijo...

Hubiese sido genial q no tubieses fuego... *eva